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    Conoce la cultura y biodiversidad impresa en las monedas y billetes de Colombia

    Billetes de Colombia.
    Desde aves exóticas hasta reconocidos personajes, nuestros billetes narran historias que te sorprenderán. Aquí te contamos sobre todo lo que oculta nuestra moneda colombiana.

    En Colombia estamos orgullosos de lo que somos. Por eso ­­quisimos que cada uno de nuestros billetes y monedas narrara una historia: la de algunos de los lugares paradisíacos y los frutos de nuestra tierra o la de aquellos compatriotas que, con sus actos y entrega, dejaron en lo más alto el nombre de nuestro país.

    Si bien nuestra biodiversidad siempre se ha mostrado en algunos de nuestros billetes, desde el 2012 se convirtió en la protagonista. Tanto así que ahora vemos en primer plano y con todo lujo de detalles algunas panorámicas hermosas de la increíble riqueza natural de nuestro país. Pero bueno, vamos muy rápido y acá lo que nos llama la atención es conocer todo lo que podamos de los personajes y paisajes presentes en nuestras monedas y billetes. ¡Seguro encontrarás miles de detalles curiosos que te impresionarán!

    El Valle del Cocora y Carlos Lleras Restrepo, unidos por el billete de cien mil pesos

    Primer plano de la palma de cera y su recolector. Al costado izquierdo, se muestra una parte de la recreación del Valle del Cocora.

    Foto cortesía del Banco de la República.

    El billete de cien mil pesos, el más valioso de nuestro papel moneda, cuenta dos historias. La primera de ellas tiene que ver con el Valle del Cocora, llamado así en honor a una princesa Quimbaya cuyo nombre en español se traduciría como Estrella del agua, y que es uno de los lugares emblemáticos de los Andes Occidentales Colombianos. Y es que aquí, entre la bruma que roza el cielo y se incrusta en el verde del pasto, crece una de las plantas representativas de Colombia: la palma de cera, ese portento que desde las alturas admira la inmensidad y belleza del paisaje del bosque de niebla del Parque de los Nevados. Porque, con sus más de 70 metros de altura, la palma es una de las bellezas naturales nativas más imponentes de Colombia. ¡No por nada fue nombrada árbol nacional de nuestro país!

    En una de ellas, sobresale un recolector de cera; uno de tantos que hizo de esta palma, en los inicios de nuestra patria, una alternativa para la producción de resinas y aceites. Junto a ellos, como no podía ser de otra manera, descansa un poema de uno de los maestros de la literatura nacional: Luis Vidales.

    El poeta, nacido en Calarcá, conocía la palma y su esplendor. Por eso, no dudó en dedicarle algunos versos: “A la palma del Quindío le conté mi sueño un día. Era la palma, era, era la palma de cera, la palmera, la palma del sueño mío. Cohete que sube al cielo y estalla en el estrellío. Y cuando pasan los vientos la palma se vuelve río… Oid el ruido del aire, el río…., la palma del niño mío. Aquí la palpo guardada, aquí en el pecho, al lado izquierdo del alma en donde llevo al Quindío”.

    Billete de cien mil pesos Colombianos por el lado de la flor de sietecueros, el barranquero y Carlos Lleras Restrepo.

    Foto cortesía de Shutterstock.

    La segunda historia que narra este billete es la de Carlos Lleras Restrepo, expresidente de Colombia durante el mandato comprendido entre 1966 y 1970. Su gobierno, progresista y liberal, lideró algunas reformas que aún hoy impactan positivamente la vida de Colombia. A su costado izquierdo, y para no desentonar con el imponente Valle del Cocora del anverso, aparece otro de los habitantes de este paraíso natural: el pájaro barranquero, o momot, como solía llamársele en dialecto indígena. Este hermoso viajero de los cielos colombianos destaca por su bello pelaje multicolor; por esa cresta azul y negra, que contrasta con sus ojitos rojizos.

    Barranquero andino, o Andean momot.

    Foto cortesía de Birdscolombia.com

    Además de ellos, este lado del billete muestra una flor de Sietecueros, especie nativa de nuestro territorio. Gracias a sus bellos colores y resistencia a diversos climas, esta es una infaltable en muchos jardines y bosques nativos de nuestro país.

    Flor de Sietecueros, o Andesanthus lepidotus.

    Foto cortesía de Wikipedia.

    García Márquez y una imaginación que vuela, presentes en el billete de cincuenta mil pesos

    El billete de cincuenta mil pesos, segundo más valioso de nuestro país, narra en uno de sus lados la vida y obra de Gabriel García Márquez, o “Gabo”, como cariñosamente lo recordamos. Allí lo vemos a él, con su mirada penetrante e inteligente para el recuerdo. A su lado de éste, reposa un dibujo de cuerpo completo del escritor viendo volar sus eternas mariposas amarillas hacia el cielo para que, en compañía del colibrí piquicorto, quede claro que la imaginación literaria de Colombia no tiene límites.

    Anverso del billete de cincuenta mil pesos.

    Foto cortesía del Banco de la República.

    Debajo del colibrí, reposa un caracol burgao, una de las exóticas criaturas que habitan nuestra tierra. Este animalito, cada día más difícil de ver, es uno de esos seres que rememora la increíble riqueza natural de Colombia, aquella que maravilló a nuestros ancestros de “Teyuna” o Ciudad Perdida, homenajeados en el reverso del billete. Allí, dos indígenas tairona posan en un dibujo junto a sus viviendas, entre la inmensidad de las montañas sagradas de la Sierra Nevada de Santa Marta. Más allá, a lo lejos, surge la prosa de García Márquez; en especial, su discurso sobre La Soledad de América Latina.

    La herencia Zenú y Alfonso López Michelsen, protagonistas del billete de veinte mil pesos

    El billete de veinte mil pesos nos recuerda la grandeza de nuestros pueblos originarios y su sabiduría inmortal. Porque entre sus hazañas estuvo “domar” y apropiarse de la naturaleza para convivir con el resto de animales, sin peligros, sin temores. Todo ello queda en evidencia cuando apreciamos el sistema hidráulico construido en la Mojana, aquella zona sobre la que reposa el delta fluvial intervenido por la tribu zenú para prevenir inundaciones. De allí que esta sabana no sería como la conocemos, ni tampoco sería tan fácilmente habitable como ocurre en la actualidad, si el pueblo zenú no hubiese ideado tamaña obra de ingeniería.

    Reverso del billete de 20 mil pesos colombianos.

    Foto cortesía del Banco de la República.

    Acompañando la sabiduría Zenú, en el mismo lado del billete se encuentra un campesino  que carga caña flecha, patrimonio de la región. Lo que hará con ella lo intuimos todos: un hermoso sombrero vueltiao, en cuyas vetas va inscrita la increíble tradición artesanal colombiana. Benjamín Puche, historiador sobre la tradición zenú y su legado, cuenta en su poema, inscrito en la esquina superior derecha de este lado del billete, cómo “trenzan los dedos con ritmo un manantial de luceros”. Esos mismos que emocionan el alma cada vez que lucimos un sombrero vueltiao.

    Por el anverso encontramos a Alfonso López Michelsen, presidente de Colombia entre 1974 y 1978, quien militó en el partido Liberal. A su lado, reposa un fruto de anón; aquella delicia de nuestra tierra que, al más pequeño bocado, alegra el corazón. Debajo de él, de nuevo, aparece homenajeada una orejera del pueblo Zenú.

    Anverso del billete de 20 mil pesos.

    Foto cortesía del Banco de la República.

    Virginia Gutiérrez de Pineda y el legado amazónico, retratados en el billete de diez mil pesos

    El billete de diez mil pesos rescata los logros de una de las mujeres que marcó nuestra historia: Virginia Gutiérrez de Pineda, pionera de la antropología y sociología que, gracias a su libro Familia y Cultura en Colombia, sembró el camino para que continuasen los estudios sobre la familia y la sociedad en Latinoamérica. Por sus aportes y compromiso con la mujer colombiana, esa misma que, como destaca en su prólogo —recogido en el reverso del billete—, “comparte y multiplica el pan” con todos sus seres queridos, Virginia Gutiérrez es un ejemplo del empoderamiento de la mujer y sus proezas.

    Billete de diez mil pesos por el lado de Virginia Gutiérrez.

    Foto cortesía del Banco de la República.

    Al costado izquierdo de su retrato de cuerpo entero, descansa la rana arborícola (Hypsiboas granosus), una de las habitantes de nuestro territorio que, por su colorido y simpática presencia, da cuenta de la increíble biodiversidad colombiana. Debajo suyo, aparece una flor de Victoria Regia, nenúfar nativo de nuestra Orinoquía-Amazonía Colombiana.

    Hypsiboas granosus.

    Foto cortesía de Shutterstock.

    En el reverso del billete se ve un poco más detallada la increíble majestuosidad de nuestra selva amazónica y sus imponentes seres. Porque aún son muchos los misterios que guarda este paraíso de vida, lo honramos desde lo que hemos podido percibir de él en nuestra vulnerabilidad humana.

    Billete de diez mil pesos colombianos.

    Foto cortesía de Shutterstock.

    José Asunción Silva y el paisaje de páramo hacen presencia en el billete de cinco mil pesos

    Silva vivió mil y un vidas: las contenidas en sus versos, los que no conocimos tras el hundimiento del barco en el que viajaba de vuelta a Colombia y esos que recordamos de memoria; las que rememoran cada uno de sus viajes; las que vieron naufragar más de un negocio en Bogotá; aquellas que, en últimas, tiñeron las palabras de lo que sería el poeta más grande la sabana. Aquí, en este billete, se le rememora en su estirpe y juventud junto a uno de sus poemas más queridos: Melancolía, que aparece escrito al reverso del mismo.

    Anverso del billete de cinco mil pesos.

    Foto cortesía de Shutterstock.

    Junto al retrato de cuerpo entero del poeta, descansan un abejorro y una puya (Paepalanthus columbensis), dos de las muchas maravillas naturales que deslumbran a todos los que visitan nuestros páramos en busca de aventuras, senderismo u avistamiento de aves.

    Paisaje de páramo. Frailejones y otras especies nativas conviven junto a un pájaro nativo.

    Foto cortesía de Shutterstock.

    En el reverso del billete se encuentran dibujadas las hermosas montañas andinas y algunos frailejones, custodiados por un cóndor andino, vigía de nuestros cielos. De nuevo, el abejorro aparece para recordar las miles de especies nativas, pequeñas y grandes, de estos parajes.

    Billete de cinco mil pesos.

    Foto cortesía de Shutterstock.

    Débora Arango y Caño Cristales, protagonistas del billete de dos mil pesos

    Débora Arango transgredió todo lo que en su momento se esperaba de una artista colombiana: fue la primera en pintar desnudos femeninos, también fue una de las pioneras del arte social y crítico en nuestro país. Por ello y mucho más, su rostro sonríe en el anverso de este billete junto al pajarito que brilla en un tono rojizo en El recreo-las monjas y el cardenal, una de sus obras más representativas.

    El recreo- Las monjas y el cardenal, de Débora Arango. Aquí aparece retratado el pájaro del billete de dos mil pesos.

    Foto cortesía de la colección del Museo Botero.

    A su lado, acompañando al pajarito de su pintura, se retratan algunas hojas y el fruto del árbol lechoso (Brosimum utile). Este árbol, nativo de nuestra Amazonía-Orinoquía Colombiana, nos recuerda la riqueza que nutre nuestro suelo; esa misma que lleva a que miles de plantas y animales de todo tipo vivan aquí mejor que en cualquier otro lugar del mundo.

    Foto cortesía del Banco de la República.

    Foto cortesía del Banco de la República.

    En el reverso del billete aparece en primer plano Caño Cristales, el increíble río de cinco colores que a todos maravilla. A su lado, reposan algunos animales de la zona: loros y otras aves surcan los cielos de la Serranía de la Macarena, otro de los paradisiacos lugares de esta región. A su lado, el pájaro rojo de Débora Arango atraviesa las nubes.

    Reverso del billete de dos mil pesos colombianos.

    Foto cortesía del Banco de la República.

    Nuestra riqueza hídrica, el tema de la moneda de mil pesos

    La moneda de mil pesos nos recuerda los miles de ríos y fuentes hídricas con las que cuenta Colombia. Por el frente, vemos las ondas que semejan su movimiento bajo el lema de “cuidar el agua”. Porque buena parte de nuestra historia se construyó a la ladera de un río, bajo la sombra de esos viejos zaguanes mecidos por el viento, a la estela de barcos de vapor que aún hoy atraviesan el Magdalena, esta moneda nos invita a preservar el líquido vital y sus senderos.

    Por detrás aparece acuñada una tortuga caguama (Caretta caretta), una de las tantas especies marinas que escoge la belleza y tranquilidad de nuestras playas del Gran Caribe Colombiano y el Pacífico para anidar y aparearse.

    Tortuga Caguama (Caretta caretta).

    Foto cortesía de colombia.inaturalist.org

    A su lado, puede leerse nuevamente el llamado al cuidado del agua y la vida. De hecho, la palabra “AGUA”, tal cual en mayúscula, se repite siete veces entre las ondulaciones del agua que, con su nado, la tortuga causa.

    La rana de cristal y la biodiversidad de nuestros Andes, motivos de la moneda de 500 pesos

    Tras algunas ligeros guiños al movimiento del agua en la cara de esta moneda, encontramos en su sello retratada al animal que no oculta nada, que se muestra tal como es, en su belleza y vulnerabilidad: la rana de cristal. Y es que este animalito se le reconoce porque todos sus órganos se ven, pues la piel de su pecho es translúcida. Aquí en Colombia la vemos saltar entre las muescas y ramas de algunos árboles de nuestros bosques húmedos. ¡Una belleza!

    Rana de cristal (Centrolenidae) vista desde abajo.

    Foto cortesía de National Geographic.

    Nuestra fauna y flora, celebradas en las monedas de 200, 100 y 50 pesos

    Las monedas de doscientos, cien y cincuenta pesos siguen la misma senda que la de quinientos y mil pesos. En ellas, de nuevo, aparecen algunas de las más carismáticas especies de nuestra naturaleza: el oso de anteojos, el frailejón y la guacamaya bandera.

    Guacamaya bandera (Ara macao).

    Foto cortesía de misanimales.com.

    La guacamaya bandera (Ara macao) es la invitada especial de la moneda de doscientos pesos. Esta ave, patrimonio de Latinoamérica, recuerda en su plumaje los colores de nuestra bandera nacional. Vistosa y regia, la guacamaya recorre los cielos de la selva colombiana para que todos los que desde la tierra admiran las alturas se deslumbren con sus maravillas tonalidades.

    Pero si entre las nubes anidan miles de especies increíbles, en nuestro suelo hay una planta que vale su peso en oro; o más bien, en agua: el frailejón. El principal custodio de nuestros páramos merecía más de una mención en nuestra moneda nacional.

    Frailejón (Espeletia grandiflora) acuñado en la moneda de cien pesos colombianos.

    Foto cortesía del Banco de la República.

    Al igual que en el caso del frailejón, Colombia quiso recordar la grandeza y esplendor del paisaje andino a través de uno de sus más queridos y tiernos habitantes: el oso de anteojos. Aunque puede vérsele jugar, comer algunas plantas o cazar tranquilo en los páramos y algunos bosques húmedos de nuestro país. Gracias a él y a su especial cuidado por parte de las autoridades ambientales, miles de espacies también son preservadas.

    Oso de anteojos (Remarctos ornatus).

    Foto cortesía de Shutterstock.

    Además de honrar a este digno y bello personaje de nuestros bosques, la moneda de cincuenta pesos hace un llamado a cuidarlo y contemplarlo en la distancia, sin interferir en su ecosistema de ninguna manera. Si algo enfatizan estas monedas y billetes es que la grandeza de nuestro país no es exclusiva del ser humano; sino que, más bien, se ha construido de la mano y conviviendo con otros seres vivos.

    Estas son algunos datos sobre los personajes y la increíble biodiversidad presente en nuestra moneda colombiana. Porque aquí en Colombia no tratamos tan sólo con “papel moneda”, sino con una historia y una riqueza natural que nos enorgullecen, quisimos honrar todo esto en esos objetos que transitan de mano en mano cada día. Para que, cada vez que haya tiempo, nos reencontremos con una parte de nosotros narrada allí, en cada moneda y billete.

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